ANDREA TUTOR

 

CREADORA DEL REALISMO ROMÁNTICO DEL S. 21 O NUEVO REALISMO ROMÁNTICO,

 

EL NEO REALISMO ROMÁNTICO

 

 

Llegó el Abuelo

 

(Del libro de cuento infantil Cuentos del Abuelo, Santander, 2004, escrito como regalo en su primer cumpleaños al niño Alejandro Agad Aznar, por la caballerosidad de su abuelo, el Sr. ex-Presidente de España y añade el agradecimiento de la autora haberle servido de testigo silencioso de su difícil negociación para el rescate de su Obra Literaria).

 

 

Mi estado de placidez llegó a su término. Me revuelvo y empujo con los pies. Quiero salir por ese agujero. Empujo y empujo, mas no puedo. Necesito algo, que no tengo; sé que lo encontraré saliendo… Alguien me alza por los pies; corre líquido por mi cuerpo. Hay tanta luz, que abrir los ojos no puedo; los aprieto muy fuerte, como  mis puños cierro, los que son asidos por un invisible cuerpo, que me sujeta a la vida en estos momentos primeros… No sé qué pasa a mi alrededor, a veces hay jolgorio y otras, silencio; me golpea la luz o la tenue penumbra acaricia mi cuerpo.

Hay alegría en las voces, que se inclinan sobre mí. Parece, que ha comenzado la fiesta por mi nacimiento. Sólo conozco a dos por las caricias, que recibí estando dentro del cesto; también, hay otras, de las que tengo un vago recuerdo. Todos hablan de un tal Alejandro. Ese es el nombre, que más recuerdo… Cuando abro los ojos, a todos veo sonriendo; no conozco los rostros, pero sí el olor de su aliento y, en el caso de algunos, reconozco hasta el olor del cuerpo… ¡Esa es mi mamá! Muy joven aún por cierto; un tanto pequeñita y pensar, que pudo mantenerme dentro con estas piernas largas y encorvadas, que ejercito todo el tiempo, pues, con ello, logro un profundo sueño.

Esas gafas horribles son de mi viejo, que, aunque estén de moda, no dejan de ser feas por ello. Sus labios invisibles sonríen, mientras acaricia mis cabellos. No entiendo mucho de medidas, a todos veo inmensos con relación a mi cuerpo, el que reconozco poco a poco en cada movimiento y, con mis manecitas, lo voy recorriendo. Ya comienzo a percibir algunas diferencias. Sé, que esa es la abuela; me mira tiernamente todo el tiempo. Me habla entre caricias; me llena de besos. La veo algo bajita, pues le llega a mi padre sólo al pecho. ¡Al cogerme en sus brazos, ya estoy en el Cielo!.

Se oye una voz grave; todos hacen silencio, mientras se acercan unos pasos, que predicen a un hombre grande y corpulento. Se inclina sobre mi cuna, un hombre pequeño, que lleva unos bigotitos debajo de la nariz con corte recto. ¡Ese es mi abuelo! Él me llama Alejandro. Me alza en sus brazos y me da un beso. Me eleva por los aires, hay algarabía:

-         ¡No le hagas eso! –censura el coro de mujeres, que siempre me están sobreprotegiendo.

El abuelo no hace caso, yo lo miro sonreído desde mi no alto cielo. Y, entonces, me hago la idea de que, así, me ven todos ellos. Me rodea con sus brazos y sale a dar por el jardín un paseo; retoza a nuestro alrededor un alegre perro. Luego, se sienta y me narra sus recuerdos. Otras veces cuenta historias, que no comprendo. Mas, él dice, que no importa, si no lo entiendo. Me habla suave y despacito, para que sus frases se graben en mis recuerdos. “Más tarde, su  propio discurso irá componiendo, entretejiendo éstas y otras palabras, que cultivamos en su intelecto” –dice el abuelo.

Vivimos en muchas partes; en avión, nos vamos, de allá para acá, moviendo. Hasta he navegado en yate y, al Mundo, he ido recorriendo. Escucho lenguas diversas a mi alrededor, pero yo prefiero la de mis abuelos, que, también, es la de mis padres y mis tíos inquietos.

El lugar, que más me gusta, es la casa de mis abuelos maternos. Antes de dormir, siempre me hace cuentos el abuelo. Me habla de hadas y sortilegios. Incentiva mi fantasía, suele decir. Pero, él no sabe, que yo les veo, cuando se acercan a mi cuna con sus varitas mágicas, regalándome lindos sueños. Asimismo, sonrío al jugar conmigo aquel Amigo Primero, que me asía de la mano al perder la placidez y el recogimiento, perdido entre tanta luz, sonidos; en la inmensidad del Universo.

¡El abuelo inventa historias para su nieto, que entrelaza con la vida, pues él gusta decir, que la vida es el mejor cuento!

Del libro de cuentos inédito Llegó el Abuelo (2004)